
Dios santo y bueno yo te adoro, porque se han multiplicado tus misericordias en mi vida. Has hecho que mi corazón retumbe de alegría. En medio de mi tristeza, aun en la misma tempestad, has traído gozo y esperanza a mi alma. Si lo pierdo todo, si de mis posesiones deseara retener algo, que sea la fe. Ese don que tu me has prestado y me llena de orgullo, que te hace a ti tan mío siendo yo solo tuyo.
Salmo 95: 6-7
Venid, adoremos y postrémonos; Arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor. Porque él es nuestro Dios; Nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano.
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