martes, 29 de diciembre de 2009

Mi hijo y yo


Lo miré a los ojos fijamente un día, y vi en su mirada una ráfaga de verdad singular. Nunca me había visto tan claramente, jamás imaginaba que fuese yo tan especial. Al ver a mi hijo en su inocencia, en la dulce ternura de su infantil corazón; me iluminó un rayo de sol que me reflejó a mí mismo. ¿Quién como mi propio hijo para revelarme? ¿quién mejor que mi semilla para degustar el fruto de mi propio corazón?
Juan 14:8-10
Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.

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