
Dios nos ha dado una libertad tal en Cristo que la ley mana de nuestros corazones. Esa conciencia cristiana nos dirige hacia la verdad y la pureza de Dios y nos entristece cuando nos alejamos en el pecado. Que El Espíritu Santo dirija tu vida para atesorar lo bueno y desechar lo malo. El verdadero poder se manifiesta en el dominio propio y en ser mayordomo sabio de lo que hacemos o dejamos de hacer.
1 Corintios 6:12
Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna.
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