
La tarde era avanzada, y el telón lúgubre de la oscuridad se descorría. Las diminutas nubes congeladas de la nieve me enjugaban en besos infinitos. En el horizonte, se disipaban tímidamente los últimos destellos termales de un sol agonizante. Y mientras la oscuridad fría y tenebrosa se aproximaba, en mi corazón ardía una llama que me hacia meditar; En Dios está puesta mi confianza ¿qué oscuridad osará intimidarme? ¿qué noche opacará esta llama encendida en mí?
Salmos 91:1-7
El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré. El te librará del lazo del cazador, De la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro; Escudo y adarga es su verdad. No temerás el terror nocturno, Ni saeta que vuele de día, Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya. Caerán a tu lado mil, Y diez mil a tu diestra; Mas a ti no llegará.
Salmos 91:1-7
El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré. El te librará del lazo del cazador, De la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro; Escudo y adarga es su verdad. No temerás el terror nocturno, Ni saeta que vuele de día, Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya. Caerán a tu lado mil, Y diez mil a tu diestra; Mas a ti no llegará.
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